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El escritor nace de la lectura. Y como en todo, los gustos, predilecciones, debilidades e influencias marcarán lo que un autor va a ser o es: su estilo, su moralidad, su ritmo, su género. Cada escritor deja su línea de migas de pan que podrá ser el camino de la inspiración de futuros literatos.

Claro es el caso de Edgar Allan Poe. Los narradores posteriores que están en deuda con él son innumerables, hasta el punto de que para algunos críticos su influencia posterior es más relevante que su obra.

Con sus relatos nace el cuento moderno, cuyo modelo presenta una acción de intensidad creciente que culmina con un desenlace sorprendente.

Algunos de los cuentos de Poe inauguran el relato policiaco, no basado en el misterio en sí, sino en los sucesivos pasos, impensables para un ser humano convencional, que permiten al observador analítico resolver el problema. Dupin es el prototipo de todos los detectives posteriores del relato policiaco: Sherlock Holmes, Philipe Marlow o Hércules Poirot.

Su genialidad ha sido siempre valorada, y eso queda sin duda reflejado en la calidad de los traductores de su obra, de la talla de Cortázar y de Baudelaire.

El francés, que siempre vio en Poe un ejemplo a seguir, dedicó 17 años de su vida a traducir su obra, incluso desconociendo a la perfección la lengua inglesa. Pero, como dijo posteriormente Cortázar Baudelaire, con una intuición maravillosa, jamás falla. Incluso cuando se equivoca en el sentido literal, acierta en el sentido intuitivo; hay como un contacto telepático por encima y por debajo del idioma.

Por su parte, Baudelaire únicamente escribió un cuento, La Fanfarlo,  que consiguió publicar en la revista americana Saturday Evening Post en 1847, la misma revista en la que hacía pocos años que Poe había estrenado El gato negro, una de sus obras más conocidas. ¿Casualidad? Hay quien dice que Baudelaire llegó a desarrollar una admiración enfermiza por el autor norteamericano o que el francés no era sino la otra mitad de la personalidad de Poe. En cualquier caso, la importancia del legado de ambos es indiscutible y en muchos casos complementario.

Por otro lado, probablemente, la mayoría de los que hemos leído los cuentos de Edgar Allan Poe en castellano lo hayamos hecho a través de la traducción de Julio Cortázar. Después de más de cincuenta años la versión del argentino continúa siendo la más aclamada.

Como en el caso de Baudelaire, Cortázar comenzó a traducir a Poe como medio de subsistencia. Fue en los momentos de mayores penurias económicas del escritor cuando la Universidad de Puerto Rico le ofreció tan ambicioso proyecto. Cortázar era un admirador declarado de Poe, gracias al cual, afirmó alguna vez, empezó a escribir relatos. Tradujo toda la obra en prosa del estadounidense, y lo acompañó de un prólogo, una reseña biográfica y notas a cada uno de los cuentos. La dificultad y la densidad del encargo lo absorbieron durante meses. Cortázar supo tomar la tensión de Poe, ese instante único en que la respiración cesa, sosteniéndolo con la misma maestría que su autor. Los lectores de esta traducción debemos abrir muy bien los ojos para no perdernos ni un detalle del maravilloso viaje que supone la lectura de Poe en el lomo de Julio  Cortázar, una bestia de las palabras.

Después de todo, los grandes son traducidos por grandes.

Paloma Caramelo

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Un pensamiento en “Poe: la unión entre Cortázar y Baudelaire

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